Creo que todos tenemos un fantasma. No en el sentido místico, sino algo mucho más simple. Es ese alguien que por más que lo intentes, no se va. Ese alguien que por más que te alejes, te persigue. Ese fantasma con el cual comparas al resto, aquel que aparece cada cierto tiempo de forma fugaz por tu mente, aquel que curiosamente (y por distintos motivos) te marcó en lo más profundo de tu ser.
Ves como los sentimientos que parecieron ser fuertes e indestructibles, se vuelven difusos para después convertirse en niebla, que luego de un tiempo de tristeza, frío y oscuridad, se va lentamente. Pero dicha niebla vuelve, una y otra vez.
Pero a pesar de todo, aprendes a vivir con ese fantasma. Y así descubres que de pronto, ya ni sientes su presencia. Sigues tu vida, vives feliz. Y de vez en cuando, cuando vuelve envuelto en niebla, sonríes. Y te alegras de que no afecte tu sistema emocional. Porque el tiempo sana. He llegado a la conclusión que ni el perdón ni las largas conversaciones sanan de forma tan definitiva. Es el tiempo el único remedio efectivo, aquel que te hace cambiar de perspectiva, entender de forma real aquello que no entendiste tiempo atrás. Y eso hace que todo aquello que te hizo sufrir parezca una mera estupidez. Y te reconcilias lentamente con ese fantasma. Y sabes que debes continuar viviendo, ya que esa sombra no se irá (a pesar del perdón y la comprensión). ¿Por qué? Porque lo importante jamás se va, nunca te deja. Te marca. Y se queda para siempre, aunque sea en una pequeña esquina de tu corazón.
Ves como los sentimientos que parecieron ser fuertes e indestructibles, se vuelven difusos para después convertirse en niebla, que luego de un tiempo de tristeza, frío y oscuridad, se va lentamente. Pero dicha niebla vuelve, una y otra vez.
Pero a pesar de todo, aprendes a vivir con ese fantasma. Y así descubres que de pronto, ya ni sientes su presencia. Sigues tu vida, vives feliz. Y de vez en cuando, cuando vuelve envuelto en niebla, sonríes. Y te alegras de que no afecte tu sistema emocional. Porque el tiempo sana. He llegado a la conclusión que ni el perdón ni las largas conversaciones sanan de forma tan definitiva. Es el tiempo el único remedio efectivo, aquel que te hace cambiar de perspectiva, entender de forma real aquello que no entendiste tiempo atrás. Y eso hace que todo aquello que te hizo sufrir parezca una mera estupidez. Y te reconcilias lentamente con ese fantasma. Y sabes que debes continuar viviendo, ya que esa sombra no se irá (a pesar del perdón y la comprensión). ¿Por qué? Porque lo importante jamás se va, nunca te deja. Te marca. Y se queda para siempre, aunque sea en una pequeña esquina de tu corazón.
