Algo me duele. Y no se que es. Es un dolor agudo, punzante. En algún lugar de mi cuerpo. No sé que es. Sólo se que me angustia. Que me corroe. Que no me deja respirar. Había dejado de sentirlo. Si, hace 2 semanas. Pero desde que te fuiste de viaje, volví a sentirlo. Y siento que esta vez, es totalmente mi culpa. He tenido 2 semanas pésimas, quizás no tan malas como la vez pasada, pero en general no fueron buenas. Y ayer llegué a mi límite. Y lloré. Si, estaba tratando de evitarlo hace días, pero no pude más. Y curiosamente al escuchar una canción, las lágrimas desbordaron, haciendo estragos. Pero fue reparador. Boté la rabia. ¿Con quien? Conmigo. Con mis malas decisiones. Son cosas simples, pero que pueden ser determinantes. Se me han dado oportunidades. Y siento que no las he sabido aprovechar. Odio que la timidez e inseguridad se apoderen de mí algunas veces. Había logrado superarlo. Había logrado actuar con valentía y confianza. Pero a veces siento que soy muy poco para ti. Es estúpido quizás, pero así me siento. Quizás me confié.
Y me duele. Estar lejos de ti, pero verte a la distancia. Había logrado acercarme a ti, pero siento que esta semana lo arruiné todo. Debí saludarte el lunes. Pero no quise molestarte, estabas estudiando y supuse que no estarías pendiente de mí. Craso error.
Y ayer me llegó un escarmiento. Me enteré (si, por medios virtuales) que al parecer alguien más está a la siga tuya. Y al parecer desde antes que yo. Y tengo miedo de que ella gane terreno. Que sea yo la que salga perdiendo nuevamente. Además, se acaba el tiempo. No quiero que se acaben las clases. Temo que el verano diluya todo. 3 meses es demasiado tiempo. No quiero volver a la soledad de mi casa, al dolor de no verte, a la angustia de no saber que pasa.
Si. Mis peores miedos se cumplieron. Se acabó el tiempo. Solo me queda seguir esperando, anhelando que cuando sea Marzo nada haya cambiado. Que todo continúe su curso normal y de que quizás (solo quizás), vuelvas a invitarme a salir.
Y si. Corro el riesgo de que leas esto, pero lo veo imposible. Tienes cosas más importantes que hacer que leer mi estúpido blog, lleno de incoherencias, sentimientos y desolación. A veces me gustaría saber que piensas de mí, si vale la pena seguir luchando. No lo sé. Me encantaría ser honesta contigo, pero las oportunidades ya no aparecen.
Hueón! Si no te la jugai te pego un balazo o_ô lo juro.
ResponderEliminarTe dediqué el primer apunte de mi nuevo blog. Saludos :)
ResponderEliminarA veces siento que, por lo que te conté también, estoy como 5 días después de atreverse... Yo estaba igual que tú, no por meses, sólo por un par de horas... Y necesitaba atreverme, lo necesita: era demasiada hermosura para dejarla ir. Y sentí el ahora o nunca. Y decidí ahora.
ResponderEliminarPero ahora me viene la angustia posterior... La incertidumbre, el miedo a perder esa persona a la que tanto te costó mirarla a los ojos, por pensar que era tanto y que tú eras poco... La verdad, es una sensación natural ante la sorpresa de la perfección universal puesta frente a tu rostro... Ese miedo es como el desconocimiento de un espejo: no saber como luces, no saber como te mira. Es tan, tan grandioso lo que se refleja en tus ojos, que no te das cuenta que en el brillo de sus pupilas también se reflejan tus ojos. Es tanto, tan hermoso... No sabes la felicidad que sentí cuando esos ojos se cerraron para sentir nuestras respiraciones envolviendo uno al otro... Es hermoso, la felicidad hecha tiempo, momento. Es como ver materialmente la energía de la sensación.
Y todo porque me atreví: sí, me atreví. Y la ilusión de cinco días y la felicidad inexplicable en medio de mi rutina -sin contar los recuerdos que me detenían a medio momento- quedaron en esa semana de imaginaciones, para ahora pasar a lo concreto.... El miedo y la incertidumbre, y esto al final es como una guerra. Escalar en un cerro, pasas una etapa y viene otra, te caes, un poco de sangre, lágrimas y sudor. Luego descanso... tierno descanso... reposas en su regazo y le robas un poco de sabor con un beso. Un beso.
Hazlo: qué importan las clases, que importan los porrazos, que importan los atrasos, que importan las competidoras desleales... ¡HAZLO! No hay peor arrepentimiento que el arrepentimiento de no hacer: si haces algo, ya habrá pasado, ya lo habrás hecho y lo habrás superado... no habrás de arrepentirte por algo que salió de tu sana pero violentamente apasionada voluntad. Por fa, llámalo. Debes hacerlo, debes. Es tu vida y los años pasan volando. Mira: ya pasó uno, y lo viste en ¿abril? La vida se nos va, nos va volando. Hazlo, en serio hazlo. Es ahora o nunca. Ahora o nunca.
Con eterno, sincero y fraterno cariño,
Boscal Cortez.