Tengo demasiadas cosas en que pensar. Pero estoy evitándolo, huyendo. No quiero tomar una decisión, aunque aún no sé sobre que es. No tengo fuerzas para analizar, no tengo ganas de desgastarme. Si, dejo todo a medias. Cierto. Y temo seguir haciendo lo mismo, pero mi temor al rechazo es mayor. Una idiota, una completa idiota.
Y no sé. Es un círculo vicioso. Estoy cansada de eso. Pero luego me acuerdo de lo mal que lo he pasado en este aspecto y la cobardía me inunda. En fin, algún día tengo que perder el miedo. Y más vale que sea luego, o sino esto será eterno y como dijo alguien por ahí: “Seguiré siempre así”. Y eso si que no.
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